Todas las noches escribo una historia, la misma historia de siempre…
Miro entorno a mí y lo único que siento es un vacío que al caer el día me empieza a calar muy profundamente los huesos.
Entorno a mi no hay nada solo un estrépito silencio, entonces caigo en el juego de mi mente, que me mantiene cautiva en esta historia de todas las noches, en donde te veo a mi lado, en donde la soledad y el silencio dejan de existir al inventarte cerca de mí, al describirte, al crearte todo cesa, todo cambia…
Nunca quise darme cuenta que no era idea mía, por llegar y haberte ido tan de prisa, no esperaba que así fuera, si aún sueño que estas ahí, justo ahí…
No se de un tiempo, me perdí en un lapso del tiempo, no quise saber como sucedieron los hechos que hicieron que desaparecieras en ese intervalo en el que nunca me encontré. No entiendo como hice para desarmarme, hoy mis ojos no te ven. Hoy ya no puedo hablar de ti.
Una historia se me escapa de las manos. Fue tan corto el tiempo y me dí cuenta tarde de lo que sentía, cuando me arrebataron la brújula de tus manos. Cuando tu presencia ya no tenía sentido en esta geografía que no reconozco. Cuando tú sombra dejo de guiarme empecé a perderme.
Y si supieras de la enajenación que llevo por dentro, que me hiere y me mata. Absurdo el día en que creí que eras para mí. Te hecho de menos, pero no se si es a ti o al fantasma que creé con tus recuerdos. Un día descubrí que había cierto frescor en tu calidez, y al otro día me acostumbre al vacío emocional que dejo tú ausencia…
Y lo sospeche desde el primer día, sabía que todo empezaría y todo acabaría. Fue lo que siempre me temía. Fue lo que mis sueños me decían. Y sabía que ni queriendo te olvidaría. Yo te ví en la magia de mis sueños...
Y aprendí que los amores eternos pueden terminar en una noche. Que grandes amigos pueden volverse grandes desconocidos. Que el amor no tiene la fuerza que algún día imaginé. Que nunca conocemos a una persona de verdad. Y aprendí que el “nunca mas” nunca se cumple. Y que el “para siempre”, siempre termina…
Volar. Saltar. Tocar las nubes con las manos.
Patinar: bailar con alas. Deslizarte por la vida como si estuvieras levitando entre tanta gente sin sentido.
Bailar contigo hasta el fin de los días y jamás llegar a dar el último paso. Y que ese baile sea eterno. Sentir como la música se apodera de nuestros cuerpos, llevándonos a mundos de ensueños donde la magia es la forma principal para vivir; la ilusión y la pasión son las leyes inquebrantables que rigen nuestro mundo; y el deseo nuestro cuerpo…
La fascinación por soñar lo que no se puede vivir o sentir en la piel, la vesania que esto me provoca.
La fascinación por patinar y sentir que todo deja de existir, que eres fugaz.
La fascinación por volar y sentir el mundo a tus pies, ver la inmensidad de ese mundo, sentirla. Y sentir por unos instantes esa libertad, esa paz, esa magia…
Y todas las cosas y las circunstancias de los días están dispuestos a alejarte de mi vida.
Pero ni todos los poderes de todos los dioses van hacer que deje de sentirte, que deje de querer que vuelvas a la rutina de mi vida. Porque no quiero que nada ni nadie te aleje de mi…
Porque cuando todo empezaba a tener sentido, las cosas se veían de otra manera, cuando los planetas están alineados a tu favor… justo en ese preciso instante te cae una tormenta oscura, helada, tan fría que te perfora el alma y el mundo se detiene, tu mundo se detiene, porque en realidad el mundo nunca dejo de girar ni un momento, ni un momento…
Porque el resto de las personas nunca lo van a entender y yo solo quiero que sepas quien soy…
Y cada día que pasa la distancia se hace más grande.
Creo que no te quiero, que solamente quiero la imposibilidad tan obvia de quererte, de inventarte a mi lado, de pasarme la vida imaginándote…
Que inútil es desvariar y pensar que estoy bien con tanta soledad a mí alrededor.
®Mariana
07.02.13
07.02.13
