lunes, 25 de marzo de 2019

Trenes Que No Van A Ninguna Parte




Mi soledad. Los abrazos perdidos. El silencio. Un lápiz y un papel. Mi gata Frida. Patinar. Bailar. Música, mucha música. Sus manos. Un libro. La voz de mi abuela llamándome por las mañanas. El mar. Sus ojos. Un beso sincero. El olor a tierra mojada que anuncia a la lluvia entrante. Mi historia, una maceta chica para su flor. El mate por la tarde. El café por la mañana. Un bollo de pan duro en la alacena. Tocar el cielo con las manos. El impulso de la piel. Es de noche y tal vez me equivoque otra vez. Sus miradas. Las luciérnagas en la noche. Hacer siempre las mismas tonterías. La intensidad de tu perfume por la mañana. La revelación de la inutilidad de todas las promesas. Lo que no sé cómo decirte. Todo lo que siento, todo lo que callo. Lo que se nos escapa. El olvido. El azar. La melancolía. Las ausencias. El universo. La memoria. Una realidad efímera. La resistencia a la soledad. La certeza en los sueños. Las caídas. El abismo. El firmamento resistente, rugoso, duro. Mis delirios más locos. Mis demonios. Seamos nuestros pecados. Mis ganas de besar sus labios. Dejar a mis fantasías volar. De mí te escaparas otra vez. Cargar la vida a cuestas, en los ojos, en los hombros. La misma de siempre pero ya no la de antes. Quería saber si andabas por ahí. Me perdí en el intento. Amores pasajeros de trenes que ya no van a ningún lado. Su risa, siempre se trató de tu risa. Siempre pagaré las consecuencias de mis silencios. Necesito el calor de sus manos. En constante movimiento pero a punto de morir. Cuando el cielo se tiñe de violeta y naranja, porque no eres mi noche ni mi día ni mi orilla. Una canción que me ataca por la tarde y me recuerda lo lejos que estas de mí. Intentando sobrevivir en la periferia de mi guerra más interna. Suspiro profundo y banal antes de llorar. Cuando las miradas se vuelven palabras redundantes. Eso que se me pierde será lo mejor de esta noche. Somos distintos cometiendo los mismos errores de siempre. Todo empieza y acaba en vos. Rara vez el ojo se detiene en una sola cosa, en un pantano que anuncia una vena de agua o la flor del hibisco que anuncia el fin del invierno. Cuando no puedo dormir imagino que camino por esos lugares. Una imagen fuera de lo común en el recuerdo y todos los locos pasan las mismas horas sobre la cornisa.



®Mariana.
23.03.2019

jueves, 28 de febrero de 2019

Sin Título




Crucé laberintos. Contemplé el puro vacío. Escuché sonar un rugido. Encendí el fuego del instinto. Caí en tus profundidades. Nos vi andando por ahí en un camino que soñé. Despierta y dormida, lo soñé, te soñé. Y tuve tanta certeza de mí al punto de querer desaparecer.

Gusto de los venenos más lentos, de las bebidas más amargas, de las drogas más poderosas, de los pensamientos más complejos, de los sentimientos más fuertes, tengo un apetito voraz y los delirios más locos.

Y esta noche salgo a caminar bajo tus luces de neón esperando encontrarte, dentro de mi oscuridad mientras mi cabeza se enfrenta en una noche de solo pensar, la agonía vuelve a dominar y no encontré ni un segundo para explicarle al mundo que lo quiero matar.

Tan lejos pero tan cerca. Las luces se encienden y muere la música pero tú no me ves aquí parada, y sigo bailando sola, al final mi pecho dejará de aplastarme.

Otra vez amantes en la noche tratando de rimar como dos condenados poetas. Quiero que me mires a mí y te veas a ti y que descubras como te veo. Nunca tocaré el cielo, solo atravesaré el firmamento lejos de todo lo trivial donde nadie me pueda hacer daño. Y al milagro del sueño que acoge a los amantes mientras contemplan su propio naufragio, el letargo maravilloso en las mañanas, esa lentitud incuestionable del tiempo luego que se han consumado la locura y el deseo.

“Amo tus manos” fue lo primero que se me vino a la cabeza en ese instante en el que te sentaste a mi lado y las vi. Te sentaste, te acercaste a saludarme y apoyaste tu mano sobre la mesa y fue lo único que supe ver. Tan perfectas, tan imperfectas. Me encantan tus manos. En mi desolación dentro de mi desesperación tus manos son mi mundo, mi todo. Amo tus manos. Inevitablemente. Y hoy te vi de nuevo, por la mañana, bien temprano. Te sonreí, me sonreíste. Te mire y pensé: “amo tus manos”.

Adoro que te aparezcas en mi cabeza con la intensidad de un perfume en la mañana que atraviesa todos los sentidos dormidos, como cuando te suelo encontrar por ahí…




®Mariana.
Sin Título.
28.02.2019