Quisiera descifrar el destino de mis sueños, de mis sentimientos, de mis premoniciones.
Hay veces que todo me supera y no sé cómo controlarlo. El
silencio me está pidiendo salir a gritos.
No sé cómo hacer con todo esto que estoy sintiendo.
Hay veces que quiero salir corriendo y desaparecer.
No sé cómo controlar los nervios cuando me miras.
Hay veces que quiero gritar lo que siento y mi voz pierde sonido.
No sé cómo controlar la ansiedad que provocas en los recovecos de mis pensamientos.
No sé cómo dejar de extrañarte si todavía no te tengo.
Todo me habla de ti a cada instante, en cada momento, en todas las cosas, en la lentitud con la que pasan los segundos, en donde los minutos parecen horas, y las horas parecen días y los días son la eternidad a flor de piel. Nunca pensé que extrañaría tanto tus manías, tu forma de andar, tus picardías.
Sabía que ocuparías el lugar donde mis sueños trasnochan. Y me llevo los recuerdos y me guardo la ilusión. Porque estoy cansada de pelear estas batallas, porque siempre las termino perdiendo.
Me di cuenta que empecé a reescribir mi futuro cuando te perdí. Es fácil subirse a mis vagones, lo difícil es resistir los sacudones.
Como hago para describirte si no sé de dónde caíste o para que llegaste a mi vida. Hiciste que perdiera el poder sobre mi propio destino. Y mis sueños ya no derraman luz sobre las ambigüedades que he tratado de resolver en mi vida.
Fue un encuentro fugaz, que tuve la suerte de vivir. Aunque nuestras vidas sean distintas, esta noche todo vale y el tiempo hará poesía con los errores que cometamos en ella.
Que se quede impregnado el olor de tu cuerpo en mi piel.
Que jamás desaparezca esa sensación. El roce de los cuerpos. El sabor de tu piel. El sonido en los movimientos. Que todo sea posible, que seas mi realidad. Esa grata sensación de tu cuerpo y tu olor gravitando a mi alrededor. Morir en la lujuria de esos ojos tiernos.
Imposible dejar de pensarte. Todavía no lo puedo creer.
La desesperada necesidad de sentirte lo más cerca mío posible, lo más cerca de mi piel que se pueda. Me aferro a este sentimiento a pesar de todas las dificultades.
Porque te quiero tanto y no puedo estar así. Porque te quiero aquí conmigo.
Cada día que pasa te vuelvo a pensar y a revivir lo que sucedió esa noche de libido, donde el mundo se movía en un letargo infinito.
El día donde las ilusiones escritas se hicieron realidad olvidando nuestra década mientras desnudábamos las paredes.
No quiero que seas solo un recuerdo en mi memoria. Sabes a futuro incierto y hueles a melancolía con sonrisas. Y las caricias son como la calidez de los rayos de sol.
El silencio de unos labios que aprenden a besar, como si fuese la primera vez, y no saben pensar en el mañana guardando secretos, ilusiones y sentimientos.
La osadía con la que te atreviste a pasar por el umbral de mi puerta, rodeados de un aire furtivo atrincherándonos en la habitación.
Observándote atentamente. Analizando minuciosamente cada palabra, el movimiento de tus manos, cada gesto, tus ojos al mirar.
Bajo un paraguas la vida es distinta, pero más lo es, cuando aprendes a mojarte, cuando corres desesperada bajo la lluvia, cuando te empapas de un puñado de mariposas que habitaran desde ahora y para siempre en un estómago diminuto que se esconde bajo una cajita de cristal.
Transportar los sentimientos lejanos al presente atemporal en el que se ubica esta historia, el caso es que, en la noche los recuerdos no se marcharan. Y bailan al son de los zapatitos arrabaleros que intentan pisotearlos sin éxito. Por suerte. Porque no quiero olvidarlos.
Solo el tiempo con sus añejos momentos de siglos pasados nos hará saber que será de nuestro incierto destino.
Hay veces que quiero salir corriendo y desaparecer.
No sé cómo controlar los nervios cuando me miras.
Hay veces que quiero gritar lo que siento y mi voz pierde sonido.
No sé cómo controlar la ansiedad que provocas en los recovecos de mis pensamientos.
No sé cómo dejar de extrañarte si todavía no te tengo.
Todo me habla de ti a cada instante, en cada momento, en todas las cosas, en la lentitud con la que pasan los segundos, en donde los minutos parecen horas, y las horas parecen días y los días son la eternidad a flor de piel. Nunca pensé que extrañaría tanto tus manías, tu forma de andar, tus picardías.
Sabía que ocuparías el lugar donde mis sueños trasnochan. Y me llevo los recuerdos y me guardo la ilusión. Porque estoy cansada de pelear estas batallas, porque siempre las termino perdiendo.
Me di cuenta que empecé a reescribir mi futuro cuando te perdí. Es fácil subirse a mis vagones, lo difícil es resistir los sacudones.
Como hago para describirte si no sé de dónde caíste o para que llegaste a mi vida. Hiciste que perdiera el poder sobre mi propio destino. Y mis sueños ya no derraman luz sobre las ambigüedades que he tratado de resolver en mi vida.
Fue un encuentro fugaz, que tuve la suerte de vivir. Aunque nuestras vidas sean distintas, esta noche todo vale y el tiempo hará poesía con los errores que cometamos en ella.
Que se quede impregnado el olor de tu cuerpo en mi piel.
Que jamás desaparezca esa sensación. El roce de los cuerpos. El sabor de tu piel. El sonido en los movimientos. Que todo sea posible, que seas mi realidad. Esa grata sensación de tu cuerpo y tu olor gravitando a mi alrededor. Morir en la lujuria de esos ojos tiernos.
Imposible dejar de pensarte. Todavía no lo puedo creer.
La desesperada necesidad de sentirte lo más cerca mío posible, lo más cerca de mi piel que se pueda. Me aferro a este sentimiento a pesar de todas las dificultades.
Porque te quiero tanto y no puedo estar así. Porque te quiero aquí conmigo.
Cada día que pasa te vuelvo a pensar y a revivir lo que sucedió esa noche de libido, donde el mundo se movía en un letargo infinito.
El día donde las ilusiones escritas se hicieron realidad olvidando nuestra década mientras desnudábamos las paredes.
No quiero que seas solo un recuerdo en mi memoria. Sabes a futuro incierto y hueles a melancolía con sonrisas. Y las caricias son como la calidez de los rayos de sol.
El silencio de unos labios que aprenden a besar, como si fuese la primera vez, y no saben pensar en el mañana guardando secretos, ilusiones y sentimientos.
La osadía con la que te atreviste a pasar por el umbral de mi puerta, rodeados de un aire furtivo atrincherándonos en la habitación.
Observándote atentamente. Analizando minuciosamente cada palabra, el movimiento de tus manos, cada gesto, tus ojos al mirar.
Bajo un paraguas la vida es distinta, pero más lo es, cuando aprendes a mojarte, cuando corres desesperada bajo la lluvia, cuando te empapas de un puñado de mariposas que habitaran desde ahora y para siempre en un estómago diminuto que se esconde bajo una cajita de cristal.
Transportar los sentimientos lejanos al presente atemporal en el que se ubica esta historia, el caso es que, en la noche los recuerdos no se marcharan. Y bailan al son de los zapatitos arrabaleros que intentan pisotearlos sin éxito. Por suerte. Porque no quiero olvidarlos.
Solo el tiempo con sus añejos momentos de siglos pasados nos hará saber que será de nuestro incierto destino.
®Mariana.
11/04/2013
11/04/2013
