
En una calle sin luz, en una calle sin nombre, llena de personas, en una calle sin ruidos y los dos frente a frente. Yo mirándote a los ojos sin entender tus formas de mirarme, se hizo silencio y en un momento todo paro. Quería huir lejos de aquí, a otro planeta.
Ayer, eclipse de sol eran mis pupilas ante tus ojos. Hoy comprendí que me regalaste unas manos llenas de mentiras. Ayer, caricias tan tiernas que me llenaban de vida. Hoy son lágrimas negras donde hacina el dolor. Ayer, tus brazos eran fuertes ramas donde guarnecerse y hoy solo son vestigios.
Acuchillo estrellas en tu ausencia y sangrando esta la herida que has abierto en mi. Hoy quisiera estar enferma de amnesia para no poder recordarte en mis recintos.
No, no se puede vivir con ese recuerdo. Ese calor que daban tus manos cuando se posaban en mi rostro. Esa seguridad que sentía entre tus brazos. Ese otro lado mágico al que me hacías viajar en las noches de sudor. Tus besos que me traían ese otro mundo posible. Esa convulsión orgánica, espiritual que me postraba, sin agitarme en frenesí, dichosa frente a ti. El sonido eterno de tu vos.
Eres un arma de doble filo: esa esencia tan pura que habita en tu cuerpo, y que también encierra un veneno… Y sin embargo una noche ese veneno me mato en una calle fría sola me dejo.
Ayer, prometías cielos siempre azules, verdaderos sentimientos. Hoy solo encuentro incertidumbre en esas palabras. Ayer, me robaste el misterio de mis letras, los secretos que solo oye mi almohada, me sacaste verdades que nadie mas conoce. Solo tú sabes cuanto me cuesta decir “te quiero” y te lo guardaste. Te llevaste todo de mí. Hoy me busco… Hoy te busco entre la gente, quizás te encuentre y me devuelvas todo lo que en una noche me quitaste. Mi vida quizás recupere.
Ayer, esa mirada tan cálida que hacia estremecer mi alma. Ese sueño tan sereno de mis noches en vela. Esas largas conversaciones. Aquella caminata por la ciudad, esos fugaces encuentros. Esa boca y su sonrisa tan perfecta. El perfume de tu piel, el sabor de tu cuerpo… No, no se puede vivir con ese recuerdo.
Me arrancaste el corazón y lo dejaste sobre mis manos sangrando, fue lo único que se te olvido llevar contigo. Tu vanidad no lo quiso llevar, y sellaste en él todos los recuerdos que hoy en mí son heridas, pensamientos que gravitan a mi alrededor sustentados por esa esencia tan pura, ese veneno que encierras. Hoy este corazón cansado de latir, agoniza por tu ausencia.
No, no se puede vivir con tu recuerdo.
Ayer, eclipse de sol eran mis pupilas ante tus ojos. Hoy comprendí que me regalaste unas manos llenas de mentiras. Ayer, caricias tan tiernas que me llenaban de vida. Hoy son lágrimas negras donde hacina el dolor. Ayer, tus brazos eran fuertes ramas donde guarnecerse y hoy solo son vestigios.
Acuchillo estrellas en tu ausencia y sangrando esta la herida que has abierto en mi. Hoy quisiera estar enferma de amnesia para no poder recordarte en mis recintos.
No, no se puede vivir con ese recuerdo. Ese calor que daban tus manos cuando se posaban en mi rostro. Esa seguridad que sentía entre tus brazos. Ese otro lado mágico al que me hacías viajar en las noches de sudor. Tus besos que me traían ese otro mundo posible. Esa convulsión orgánica, espiritual que me postraba, sin agitarme en frenesí, dichosa frente a ti. El sonido eterno de tu vos.
Eres un arma de doble filo: esa esencia tan pura que habita en tu cuerpo, y que también encierra un veneno… Y sin embargo una noche ese veneno me mato en una calle fría sola me dejo.
Ayer, prometías cielos siempre azules, verdaderos sentimientos. Hoy solo encuentro incertidumbre en esas palabras. Ayer, me robaste el misterio de mis letras, los secretos que solo oye mi almohada, me sacaste verdades que nadie mas conoce. Solo tú sabes cuanto me cuesta decir “te quiero” y te lo guardaste. Te llevaste todo de mí. Hoy me busco… Hoy te busco entre la gente, quizás te encuentre y me devuelvas todo lo que en una noche me quitaste. Mi vida quizás recupere.
Ayer, esa mirada tan cálida que hacia estremecer mi alma. Ese sueño tan sereno de mis noches en vela. Esas largas conversaciones. Aquella caminata por la ciudad, esos fugaces encuentros. Esa boca y su sonrisa tan perfecta. El perfume de tu piel, el sabor de tu cuerpo… No, no se puede vivir con ese recuerdo.
Me arrancaste el corazón y lo dejaste sobre mis manos sangrando, fue lo único que se te olvido llevar contigo. Tu vanidad no lo quiso llevar, y sellaste en él todos los recuerdos que hoy en mí son heridas, pensamientos que gravitan a mi alrededor sustentados por esa esencia tan pura, ese veneno que encierras. Hoy este corazón cansado de latir, agoniza por tu ausencia.
No, no se puede vivir con tu recuerdo.
®Mariana
28.07.05
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