La rutina de pasar tantas horas en el mismo lugar, compartiendo las
mismas cosas, convirtiéndote en cómplice de las travesuras que planeabas por el
solo echo de hacernos reír, todo se vuelve una grata costumbre, esos pequeños
detalles que hacen el día a día, que te hacen olvidar de la vida y sus dolores…
Y de la noche a la mañana todo cambia, sin previo aviso y sin razón.
Te dejan desconcertada; turban el orden natural de una vida que estaba
encontrando un propósito para seguir adelante.
Te quedas desorientada, perdiste el sentido de la posición geográfica
de este lugar, no sabes para donde salir corriendo. No sabes a donde perteneces.
A quien acudir en caso de necesitar ayuda. Aunque siempre te creíste
autosuficiente sin la necesidad de pedirla. Y es sorprendente cuando te das
cuenta de cuanto la necesitas y que ya no va a estar porque pensabas que iba a
estar siempre.
Te sientes ofuscada, no puedes pensar con claridad, todo es confuso y
no entiendes nada… en que momento ocurrió todo? Porqué no lo vi venir? O en
realidad si lo sabía?
Te dejan un vacío. Que se siente enorme, y es inmenso…
Sientes que te están aprisionando el pecho, que lo están estrujando con
mucha fuerza, ahogándote, dejándote sin aliento. Entonces comienzas a caminar de
una punta a la otra de la habitación. Quieres que el aire entre en tus pulmones
y te de un segundo mas de vida. El vacío cada vez es más grande, y no entiendes
por qué, por qué crece tan rápido y con tanta desesperación.
Te sientes abandonada. Desamparada por los intereses, los afectos y
pasiones de aquello que más quieres. El miedo acecha otra vez. La desilusión
que llega después del abandono se apodera de todo tu ser inerme. Cuanto tiempo
hacia que no te sentías así? Y la desilusión, esa impresión que experimentas
cuando sientes ver ese espacio insustancial, sin aire ni materia perceptible
por los medios físicos y químicos. Y las ganas de llorar incontrolables,
insaciables, inagotables.
Y les das paso y tiempo a tus
demonios para que te recorran toda la espina dorsal. Envenenando tus
pensamientos y embriagando tu alma de acero y soledad. Como no lo habías echo
en tanto tiempo. Porque no puedes elegir lo que sientes y te acabas olvidando
de todo lo bonito que te unía a esos momentos, a esas horas, a ese espacio
vivido…
Las cosas dejan de tener lógica, la vida deja de tener sentido. Porque
la casualidad de la vida ya no pretende que te lo encuentres cada día, en cada
momento, en las mismas horas. Y comprendes porqué el infinito que había entre
los dos empieza a tener significado.
Es simple, se siente tu ausencia…
®Mariana.
11/09/12

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