Y quisiera secuestrarte entre mis sábanas todas las noches
de mi vida. Anclaría mis manos como garras a tu espalda. Amarraría tus brazos a
mi cintura. Te fusionaría en mi piel. Te pegaría a mi sombra. Llenaría mis
pulmones con tu respiración. Te suspiraría con cada aliento tuyo. Y quisiera
encontrar tu olor en la almohada todas las mañanas.
Te encerraría en mi habitación desde que aparece la primera
estrella en lo más alto del cielo, hasta que los rayos de sol te iluminen desde
mi ventana, que si ese fuese el caso, jamás abriría la ventana así no existiría
la posibilidad de que puedas salir de mí.
Haría tantas cosas entre el sudor de nuestros cuerpos y que
loco aquel amanecer sudando entre las sábanas, volviéndote a recorrer, jugando
con malicias indecentes, devorándonos la vida… pero cuando me tocas hay algo. Algo
que me inhibe y me desarma.
Y cuando llegas en la noche hay fiesta en la habitación, el
tablero golpea fuerte en la pared, las sillas tiemblan y la cama riñe contra el
piso. Y al amanecer del nuevo día vuelven las caricias frías, los besos con
sabor a nada. Luego te vas y te olvidas de mí hasta que tu instinto te vuelve a
provocar y regresas en la noche… Cómo huir de tus labios que me sacan de
quicio? Cómo huir cuando no tengo a donde ir, si las únicas islas que encuentro
para naufragar son las tuyas.
Mi corazón se detiene cada vez que tus labios rozan mi piel,
cada vez que tus yemas recorren mi ser. El tiempo se detiene en ese instante,
en ese momento, haciéndolo eterno. El destino siempre se encarga de hacerme
saber cómo, cuándo y dónde sucederá. El tiempo es corto y cruel. El destino
cruzó nuestros caminos y el tiempo marcó nuestra diferencia. Diferencia que se
dilata en pasiones de colchón. Diferencia que se desvanece en las noches de
sudor.
Siempre será mi culpa por quererte de más. Por bajar la
guardia y recibir caricias falsas. Siempre será mi culpa por exponerme al dolor
el día en que dejé que entraras en mi corazón. Por descubrir entre tus brazos
que tú serás el cielo que jamás podre tocar. Que serás la historia más bonita
que nunca olvidaré, como las entradas de cine, en las cuales escribí tu nombre
y que jamás querré tirar. Y quisiera eludir la realidad porque la noche
insensata, mágica y loca, que parece no acabar nunca pasa demasiado rápido. Y
volveré a eludir la realidad para que no veas más que un caparazón
incomunicando a un corazón loco, que se dobla y se rompe con el viento.
Será que lo divino no mezclo bien las cartas?
Y el agua de la ducha corriendo inmisericorde por mis
párpados, por mi espalda cansada. Y miro a mí alrededor, una vieja soledad
desarmada, la catástrofe que provoca tu ausencia, en las mañanas, y la
angustia. Comprendí que tus besos jamás serán míos y que jamás me reflejaré en
tus ojos. Y en mis locos y ardientes desvaríos, bendigo tus desdenes, adoro tus
desvíos y venero tu ávido instinto… porque el destino siempre se encargará de
hacerme saber cómo, cuándo y dónde sucederá, el destino cruzó nuestros caminos
y el tiempo marca nuestra diferencia. Diferencias que se dilatan en las noches
de pasión…
®Mariana.
12/12/2013

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