jueves, 9 de enero de 2014

Pasiones De Colchón


Recuerdo que al llegar ni me miraste, fui sólo una más del montón. Cómo no pude darme cuenta que hay ascensores prohibidos, que hay pecados compartidos y que tú estabas tan cerca. No sé qué acabo sucediendo, solo sé que tus instintos no se detuvieron…
Y quisiera secuestrarte entre mis sábanas todas las noches de mi vida. Anclaría mis manos como garras a tu espalda. Amarraría tus brazos a mi cintura. Te fusionaría en mi piel. Te pegaría a mi sombra. Llenaría mis pulmones con tu respiración. Te suspiraría con cada aliento tuyo. Y quisiera encontrar tu olor en la almohada todas las mañanas.
Te encerraría en mi habitación desde que aparece la primera estrella en lo más alto del cielo, hasta que los rayos de sol te iluminen desde mi ventana, que si ese fuese el caso, jamás abriría la ventana así no existiría la posibilidad de que puedas salir de mí.
Haría tantas cosas entre el sudor de nuestros cuerpos y que loco aquel amanecer sudando entre las sábanas, volviéndote a recorrer, jugando con malicias indecentes, devorándonos la vida… pero cuando me tocas hay algo. Algo que me inhibe y me desarma.
Y cuando llegas en la noche hay fiesta en la habitación, el tablero golpea fuerte en la pared, las sillas tiemblan y la cama riñe contra el piso. Y al amanecer del nuevo día vuelven las caricias frías, los besos con sabor a nada. Luego te vas y te olvidas de mí hasta que tu instinto te vuelve a provocar y regresas en la noche… Cómo huir de tus labios que me sacan de quicio? Cómo huir cuando no tengo a donde ir, si las únicas islas que encuentro para naufragar son las tuyas.
Mi corazón se detiene cada vez que tus labios rozan mi piel, cada vez que tus yemas recorren mi ser. El tiempo se detiene en ese instante, en ese momento, haciéndolo eterno. El destino siempre se encarga de hacerme saber cómo, cuándo y dónde sucederá. El tiempo es corto y cruel. El destino cruzó nuestros caminos y el tiempo marcó nuestra diferencia. Diferencia que se dilata en pasiones de colchón. Diferencia que se desvanece en las noches de sudor.

Siempre será mi culpa por quererte de más. Por bajar la guardia y recibir caricias falsas. Siempre será mi culpa por exponerme al dolor el día en que dejé que entraras en mi corazón. Por descubrir entre tus brazos que tú serás el cielo que jamás podre tocar. Que serás la historia más bonita que nunca olvidaré, como las entradas de cine, en las cuales escribí tu nombre y que jamás querré tirar. Y quisiera eludir la realidad porque la noche insensata, mágica y loca, que parece no acabar nunca pasa demasiado rápido. Y volveré a eludir la realidad para que no veas más que un caparazón incomunicando a un corazón loco, que se dobla y se rompe con el viento.
Será que lo divino no mezclo bien las cartas?

Y el agua de la ducha corriendo inmisericorde por mis párpados, por mi espalda cansada. Y miro a mí alrededor, una vieja soledad desarmada, la catástrofe que provoca tu ausencia, en las mañanas, y la angustia. Comprendí que tus besos jamás serán míos y que jamás me reflejaré en tus ojos. Y en mis locos y ardientes desvaríos, bendigo tus desdenes, adoro tus desvíos y venero tu ávido instinto… porque el destino siempre se encargará de hacerme saber cómo, cuándo y dónde sucederá, el destino cruzó nuestros caminos y el tiempo marca nuestra diferencia. Diferencias que se dilatan en las noches de pasión…




®Mariana.
12/12/2013

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