martes, 11 de septiembre de 2018

Respirar Profundo



Y de repente cayó el sol. En la inmensidad del cielo brilla en él una estrella roja, un poco más grande que le resto de ellas. Es Marte. Todavía se puede ver. Que lindo.  Erosiones de realidad. De sentirse diferente en cada silencio. Trampas en algunas miradas. Energía para un día más. Ser capaz de caminar sin rumbo y perderme por las calles los días que no se puede respirar. Qué cantidad de pensamientos abrumadores se te pueden cruzar en un par de horas de soledad absoluta. Acribillantes. Contradictorios. Sinónimos y antónimos. Agudos y graves. Capaz que también esdrújulos. De esos que son puro berrinches cósmicos. Traviesos, de esos que te dibujan una sonrisa en la cara así de la nada. Planeadores, de los que después sale todo al revés (esos los pienso rápido y chau). Voladores, esos que te alejan de la realidad (y anda a saber a dónde te llevan). Los que te hielan y calan el alma. Los que te reviven el pasado que quema en la piel. Esos que te ilusionan y te llenan un poquito más de esperanza cuando sientes que todo se está derrumbando a tu alrededor. El universo es una perversa inmensidad hecha de ausencia. Que tiende al olvido. La memoria es apenas una resistencia efímera, cuando el azar te lleva al abismo de la melancolía, no suele haber testigos. O cuando te asalta la certeza de una conspiración de todos los demonios en tu contra. Que a veces necesitas tocar el suelo para saber que todavía te puedes volver a levantar. Porque siempre se puede. Soy de esas mentes que por dentro piden tregua y por fuera esbozan una sonrisa como disimulo.

(Nota mental: no escribir con el bondi en movimiento = náuseas)

Pensar qué voy a cocinar esta noche cuando llegue a casa, si es que todavía tengo ganas de cocinar. Hacen falta muchas de esas.

Le mando un mensaje o no le mando? Tengo ganas de molestarle, pero no sé qué decirle. Siempre tengo ganas de molestarle. A veces me las aguanto. En silencio, todo en silencio. Que no se note. Prometo cocinar todas las noches. Tengo tardes de domingos y mil inviernos, si quieres pasa dentro. Qué podría ir mal? Todo. Pesimista por naturaleza. Ver siempre el final trágico de las cosas. Hay historias que te dejan su marca para toda la vida. Y por no repetir, aunque sea sin querer, te alejas. Te pones en modo automático y que siga de largo. Las horas vuelan tanto que algunas noches se convierten en mañanas entre letras consecutivas que nunca parecen parar. Solo puedo ofrecerte un mundo sobre mis letras. Algunos textos se quedan para siempre. Pasaran montones de gentes y yo siempre te llevaré a ti en mi mente. Deseando que al menos, esta noche, el colchón sea cómodo porque nunca será igual si tu no estas dentro. El sudor que marca distancias te despierta en la noche. Y la ciudad temblaba cuando jugábamos descalzos entre las sábanas. La noche es todavía más calurosa. La cama algo fría, pero solo durante un rato. Nunca olvidare que solo necesitaba una mirada para encontrarte debajo de las sábanas. Y demás frases solemnes de un rejunte de experiencias caóticas respecto a desilusiones, malas decisiones, y malas compañías.

(Y el bondi no agarra ningún semáforo en rojo… uff!!)

Me queda poco tiempo, lo sé. Los años ya me resultan cada vez más cortos. Los meses están pasando muy rápido. Y eso que el tiempo nunca va más rápido o más lento. Siempre es el mismo. Tajante. Curandero. Terminal. La suma de los días. Solo puedo decirme que no te canses de luchar cada minuto, que es un premio y un motivo para sonreír. Por eso siempre con los auriculares en los oídos, celular y música. Mucha música. Para no escuchar mis pensamientos. Naufragando entre mis miedos, un tanto hipocondríaca.

El bondi paro. Llegue a casa, sin ganas de cocinar. Como siempre cada vez que llego a este lugar. Y que el resto del mundo me da igual. Que ya no se para dónde quiero ir. Que mis ideas están en puro conflicto y bien alborotadas.

If you ever want to join me baby, I`ll dancing in the dark.



®Mariana.
Respirar Profundo
16.08.2018

Sentidos Disonantes



Justo cuando sentía que tenía el mundo entero a mis pies, todo se empieza a desmoronar y así en medio de la nada me encuentro bailando en el fragor de la oscuridad. Rebuscando dentro de mi mente otra vez, sintiendo ansiedad, asustada de estar sola otra vez, odio esto. Odio esto. Intento encontrar una manera de manejar esto pero me cuesta, no puedo respirar. No hallo como gritar.
El tiempo no vuelve. La vida tampoco vuelve y la muerte es lo único seguro y certero que tenemos. Pero por si me sirve de algo: “el dolor va a pasar y el amor no pasa”. Para salir de la muerte necesitamos otra vez amor, aunque éste nos haya aniquilado.
Necesitamos de esa persona que no nos daña porque si (que no es poco). Pero también necesitamos de quien nos lastima un poquito, irremediablemente.
Y decidir empezar de nuevo, vivir algo nuevo aunque sabemos que en el mejor de los escenarios solo dejan a un corazón a la intemperie. Necesitamos terriblemente del otro para no permanecer en la muerte y sentirme viva. Necesitamos de quien nos ayude a echar raíces en la vida. Necesitamos otra vez amor, aunque éste nos haya inmolado una vez más.
Al fin y al cabo todo se basa en las probabilidades de entrar en el mundo esotérico e incorruptible del amor.
Tengo miedo de volver a sentir. Quisiera creer que no creo. Maldigo al tiempo que se demora lo que le da la gana. Tengo fantasmas que me acechan a cada esquina para recordarme que el amor duele. A veces me siento sola y lloro. A veces me alejo mucho y me cuesta volver y me pierdo seguido. A veces intento ser fuerte pero por dentro estoy cayendo en mil pedazos, todo por dentro se va agrietando, y esos pedazos se van perdiendo.
Así es como el terror a sentir habita en todos los lugares de mí ser. Así de pérdida estoy. Y esa sensación de llegar y encontrar el lugar cerrado, y no saber qué hacer. Otra vez me despierto atenazada en esta boya cartesiana que se ancla entre lo viejo que no se va y deja su estela habitual de dolor, y lo nuevo que parece que nunca va a llegar.
Intentando sobrevivir en la periferia de mi guerra más interna, al precipicio por el que camino. Así es como el amor te reconstruye y así es también como te destruye. Y que al final de cada día, aun así, todo duele un poco más. Todo sigue siendo un desastre. Así de rota. Y recordé que me dijeron que el final está cerca.
A veces en silencio dialogo con mi mente y después de un tiempo, esas conversaciones parecen demencias efímeras, historias aletargadas y sin sentido alguno. Discusiones sobre mi propia suerte. Que si, que no. Que no, que sí. Que qué seria, qué no seria. Porqué, porqué y otras mil veces más porqué. Ya no sé si le estoy hablando a alguien o es tan solo una lejana utopía creada por mi mente. Pero el imperativo no tiene primera persona y no supe que decirme. Y todo a mí alrededor habla sobre mí, todo empieza y todo acaba en mí… y que el letargo se acaba tan rápido como una pipa de opio. Todos los cristales rotos que calan mis huesos. Cicatrices incurables, un pasado un tanto difícil de dejar atrás, una soledad constante, un profundo vacío, un veneno latente que singla por mis venas. Y el terror a volver a sentir todo. Sintonías disonantes, una sincronía en cada dolor y una órbita desarticulada por la vesania.
El arcano indescifrable de esta sonrisa tan cierta como sarcástica.
Y todas las guerras que no consigo ganar conmigo misma.
Y todo termina con un par de ojos negros que lloran en estrépito silencio.


®Mariana.
Sentidos Disonantes
15.05.2018

Horizonte



Siempre me ha gustado esta vista. De cada ciudad. De cada Lugar. Los mayores logros del hombre siempre la han perseguido. La línea imposible donde conspiran las olas. Donde vuelven. El lugar en el que quizás volvamos a encontrarnos.
Dijiste alguna vez que temías que alguien me convertiría. Y luego me dejaste para ver en qué me convertía. Me convertí en una superviviente. Quizás me hubieras juzgado por el camino que elegí pero preferiría vivir con tu juicio que vivir con tu compasión. Solo yo debo cargar con mis elecciones y mis lamentos.
El pasaje no fue fácil. No todos lo conseguimos. Algunos de los peores sobrevivieron. Algunos de los mejores no. Junto con las mejores partes de quienes éramos.
Nos dimos un regalo hermoso, una elección. Somos los autores de nuestras historias.

®Mariana.
Horizonte
16.07.2018