martes, 11 de septiembre de 2018

Sentidos Disonantes



Justo cuando sentía que tenía el mundo entero a mis pies, todo se empieza a desmoronar y así en medio de la nada me encuentro bailando en el fragor de la oscuridad. Rebuscando dentro de mi mente otra vez, sintiendo ansiedad, asustada de estar sola otra vez, odio esto. Odio esto. Intento encontrar una manera de manejar esto pero me cuesta, no puedo respirar. No hallo como gritar.
El tiempo no vuelve. La vida tampoco vuelve y la muerte es lo único seguro y certero que tenemos. Pero por si me sirve de algo: “el dolor va a pasar y el amor no pasa”. Para salir de la muerte necesitamos otra vez amor, aunque éste nos haya aniquilado.
Necesitamos de esa persona que no nos daña porque si (que no es poco). Pero también necesitamos de quien nos lastima un poquito, irremediablemente.
Y decidir empezar de nuevo, vivir algo nuevo aunque sabemos que en el mejor de los escenarios solo dejan a un corazón a la intemperie. Necesitamos terriblemente del otro para no permanecer en la muerte y sentirme viva. Necesitamos de quien nos ayude a echar raíces en la vida. Necesitamos otra vez amor, aunque éste nos haya inmolado una vez más.
Al fin y al cabo todo se basa en las probabilidades de entrar en el mundo esotérico e incorruptible del amor.
Tengo miedo de volver a sentir. Quisiera creer que no creo. Maldigo al tiempo que se demora lo que le da la gana. Tengo fantasmas que me acechan a cada esquina para recordarme que el amor duele. A veces me siento sola y lloro. A veces me alejo mucho y me cuesta volver y me pierdo seguido. A veces intento ser fuerte pero por dentro estoy cayendo en mil pedazos, todo por dentro se va agrietando, y esos pedazos se van perdiendo.
Así es como el terror a sentir habita en todos los lugares de mí ser. Así de pérdida estoy. Y esa sensación de llegar y encontrar el lugar cerrado, y no saber qué hacer. Otra vez me despierto atenazada en esta boya cartesiana que se ancla entre lo viejo que no se va y deja su estela habitual de dolor, y lo nuevo que parece que nunca va a llegar.
Intentando sobrevivir en la periferia de mi guerra más interna, al precipicio por el que camino. Así es como el amor te reconstruye y así es también como te destruye. Y que al final de cada día, aun así, todo duele un poco más. Todo sigue siendo un desastre. Así de rota. Y recordé que me dijeron que el final está cerca.
A veces en silencio dialogo con mi mente y después de un tiempo, esas conversaciones parecen demencias efímeras, historias aletargadas y sin sentido alguno. Discusiones sobre mi propia suerte. Que si, que no. Que no, que sí. Que qué seria, qué no seria. Porqué, porqué y otras mil veces más porqué. Ya no sé si le estoy hablando a alguien o es tan solo una lejana utopía creada por mi mente. Pero el imperativo no tiene primera persona y no supe que decirme. Y todo a mí alrededor habla sobre mí, todo empieza y todo acaba en mí… y que el letargo se acaba tan rápido como una pipa de opio. Todos los cristales rotos que calan mis huesos. Cicatrices incurables, un pasado un tanto difícil de dejar atrás, una soledad constante, un profundo vacío, un veneno latente que singla por mis venas. Y el terror a volver a sentir todo. Sintonías disonantes, una sincronía en cada dolor y una órbita desarticulada por la vesania.
El arcano indescifrable de esta sonrisa tan cierta como sarcástica.
Y todas las guerras que no consigo ganar conmigo misma.
Y todo termina con un par de ojos negros que lloran en estrépito silencio.


®Mariana.
Sentidos Disonantes
15.05.2018

No hay comentarios: