Gusto de los
venenos más lentos, de las bebidas más amargas, de las drogas más poderosas, de
los pensamientos más complejos, de los sentimientos más fuertes, tengo un
apetito voraz y los delirios más locos.
Y esta noche salgo
a caminar bajo tus luces de neón esperando encontrarte, dentro de mi oscuridad
mientras mi cabeza se enfrenta en una noche de solo pensar, la agonía vuelve a
dominar y no encontré ni un segundo para explicarle al mundo que lo quiero
matar.
Tan lejos pero tan
cerca. Las luces se encienden y muere la música pero tú no me ves aquí parada,
y sigo bailando sola, al final mi pecho dejará de aplastarme.
Otra vez amantes en
la noche tratando de rimar como dos condenados poetas. Quiero que me mires a mí
y te veas a ti y que descubras como te veo. Nunca tocaré el cielo, solo atravesaré
el firmamento lejos de todo lo trivial donde nadie me pueda hacer daño. Y al
milagro del sueño que acoge a los amantes mientras contemplan su propio
naufragio, el letargo maravilloso en las mañanas, esa lentitud incuestionable
del tiempo luego que se han consumado la locura y el deseo.
“Amo tus manos” fue
lo primero que se me vino a la cabeza en ese instante en el que te sentaste a
mi lado y las vi. Te sentaste, te acercaste a saludarme y apoyaste tu mano
sobre la mesa y fue lo único que supe ver. Tan perfectas, tan imperfectas. Me
encantan tus manos. En mi desolación dentro de mi desesperación tus manos son
mi mundo, mi todo. Amo tus manos. Inevitablemente. Y hoy te vi de nuevo, por la
mañana, bien temprano. Te sonreí, me sonreíste. Te mire y pensé: “amo tus manos”.
Adoro que te
aparezcas en mi cabeza con la intensidad de un perfume en la mañana que
atraviesa todos los sentidos dormidos, como cuando te suelo encontrar por ahí…
®Mariana.
Sin Título.
28.02.2019

No hay comentarios:
Publicar un comentario