jueves, 18 de junio de 2020

Antes De Que La Vida Empiece A Rodar


Entreabrir los ojos, ver ingresar la luz del amanecer por las rendijas de la persiana que anuncia un día cálido de primavera. El saberte ahí, escuchar tu respiración a mi espalda, girar lentamente y encontrarte de frente con los ojos cerrados, durmiendo tan perfectamente como si nada existiera, como si el mundo girara muy tardíamente, tan lento que puedo mirarte con detalle, observarte y descubrirte una vez más.
Sentir tu respiración sosegada, pacífica, descansada con el ritmo que le da vida a tu cuerpo, a mi corazón. Escuchar reposando en tu pecho los latidos de tu corazón al compás de su sístole y su diástole, que le dan vida a mi cuerpo, a tus ojos.
El olor de tu piel, su perfume único y tan magnífico que aviva todos mis sentidos y la química de mi sangre convirtiendo a la euforia a flor de piel. Rozándote con la yema de mis dedos erizando mi alma y avivando la memoria de mi cuerpo. Acaricio tu piel lentamente porque la mañana me invita hacerlo, porque el deseo es más fuerte que yo, porque estas dormido y nada ni nadie me lo impide.
Y el tiempo no pasa, para mi suerte, así el despertador no va a sonar y los ruidos de la calle y los autos no sucederán. Y este instante seguirá siendo así de eterno.
Mientras mi mirada sigue en tu rostro y se detiene en tus ojos almendrados con los parpados titileando a punto de abrirse pero no saben que he detenido el tiempo y siguen cerrados tan bellos y tan iluminados como el sol en el más pleno verano, como cuando me miran y puedo ver el espejo de tu alma, tus ganas de vivir y esa alegría con la que enfrentas al mundo entero.
Y toco tu boca, con un dedo toco tu boca de labios gruesos, bien marcados, imposible resistirse imposible no tratar de morderlos con toda la sutileza para que ese pequeño dolor sea penetrante, dulce y tierno y  sea la mejor boca que he besado, entre alientos, exhalaciones e inhalaciones se reconocen las complacencias más exquisitas y más raras que lleguemos a saber.
Y reparo en tus manos. De manos grandes y fornidas, de esas que te agarran fuerte para que no te caigas. Siento una de ellas sujetando mi cadera, bien amarrada a mi cintura, arropándome en noches de asilo. Y la otra mano sobre mi espalda entre mis omóplatos bajando por mi espina dorsal hasta enlazar en mi cintura junto a su cómplice. Y mi mano se desliza por tu cara acariciándote y mis dedos se enredan en tu pelo. Sabiéndonos tan perfectos dentro de nuestras imperfecciones.
Y de un momento a otro advierto que estoy entre tus brazos, entre tu cálido abrazo, donde todo se detiene, el tiempo se frena, la vida se contiene, donde todo es eterno, en donde te das cuenta que es ahí, justo ahí donde quieres pasar el resto de tu existencia, porque con el solo hecho de estar contemplando ese instante y saber que existe es suficiente para afrontar el resto del día, de la vida. El saber que no importa lo que te depare el destino vas a poder con ello. Porque es la prueba y la fuerza suficiente que se necesita para seguir de pie y con una sonrisa por delante. Antes que la vida empiece a rodar otra vez, es ese instante de paz, de silencio, ese instante en el que te das cuenta que lo vale todo.




®Mariana.
17.06.2020



Hey You...



La vida siempre nos puso de frente, nos dio pruebas, algunas las aprovechamos y otras no supimos que hacer, pero siempre nuestros caminos se cruzaron. Esta ficción se desvanece entre mis dedos el día en que te atreviste a cruzar esa puerta.
Vivir pensándonos, cruzando miradas, y sin hacer nada por miedo a querernos.

Caminamos despacio y en la cuerda floja pero siempre podemos aprender a volar. Nunca lo sabes hasta que lo haces, en lo alto en el medio de la nada. Cómo terminamos no es la forma en la que habíamos planeado, me pediste piedad y me acerque a ti con los ojos cerrados y pusiste tus brazos a mi alrededor.
Eres el precipicio gris que nos espera al borde de la cama, y vienes siendo necesario para sobrevivir, eso ya lo sabes…
Tal vez fuimos impuntuales o el destino no se encapricho con nosotros. Un minuto más temprano o uno más tarde y los colores se destiñeron, hemos estado jugando partidas a medias, quizás estamos a tiempo de intentarlo y dejar de escondernos.

Estoy aquí, estoy aquí parada pero tú no me ves, tan lejos pero tan cerca y sigo caminando sola, porque no quieres verme??

El rastro de tu perfume sobre mis sábanas es todo lo que tengo. Algo de esta noche tiene gusto a cíclico pero no sé si quiero que deje de ser siempre lo mismo porque quizás termine en nada todo lo acontecido de aquel tiempo a esta historia. Pero también tu eres reincidente hasta que te acuerdas del porque no puedes estar conmigo, sin embargo el impulso de la piel sigue siendo el mismo que nos tienta y nos encuentra, y que te mete en problemas.
Y así quedamos, dos bocas llenas de deseo y vacías de coraje, por cagones y por idiotas, como si el milagro pueda encontrarnos a la vuelta de la esquina.

Creo que nunca voy a poder entender porque me dejas de hablar luego de las vicisitudes que suceden entre nosotros, siempre huyes como si hubieses cometido un crimen. Desapareces por un tiempo predecible y luego reapareces, buscando cometer otro crimen.
Puede que tengas miedo pero estas tan cerca del cielo y puedo ver como tus ojos empiezan a arder. Amantes sin momentos tratando de rimar en las noches tardías. Narradores estipulando escribir un poema sin poder comenzar una historia. Amantes deliberando cómo actuar, cuándo actuar, dónde actuar, debatiendo si debemos ser amantes. Y qué hacemos con las ganas mientras tanto…
No me mires de forma trascendental, como si fuera importante, si es que no me vas a invitar a pasar en tu eterna madrugada. Amantes en una orbe atemporal que no se nombra y que durante el día desaparecen.

Eres como una criatura caprichosa, impaciente e imprudente, pero también que aguarda años agazapado para cometer la peor de las fechorías que has prometido.
Y ambos tratando de sobrevivir a la más absoluta extrañeza de lo que no tenemos idea de lo que es.




®Mariana.
02.02.2020