jueves, 5 de julio de 2012

Zapatitos Arrabaleros I


Es inevitable… no puedo dejar de pensar en ti.
Ni cuando estas, ni cuando no estas.
Y tengo miedo de insinuar o hacer algo que pueda darte indicios de que algo me sucede cuando estoy con vos, cuando estas cerca de mí o cuando no lo estas… Tengo miedo de que en algún momento, pueda llamarte por el solo hecho de escuchar tu voz, y que de a poco empieces a descubrir sobre lo que estoy sintiendo por ti.
Y hay algo que siempre me llamo la atención desde el primer día en que te vi, algo que no se porque siempre es lo primero que miro en una persona, en un hombre… son las manos, tus manos… tus manos me dieron mucha curiosidad… he observado mucho tus manos…
Y a veces siento que los días en que intento llamar tu atención son los días en que mas tratas de esquivarme… porque será?
En cierta forma sabía que esto iba a suceder, en el fondo lo sabía, pero en todo momento intenté no llegar a este punto, es una situación difícil y no se como manejarla. Con miedo de mirar más allá de lo que pueda perder cuando se trata de ti, y todavía así son más que expectativas…
Ni el mismo tiempo con sus añejos momentos de siglos pasados o sus prematuras dudas de un futuro incierto puede sacarte de mis pensamientos…
Nubes de mentiras que cubren mi cielo atormentándome, mientras refugiada bajo lluvias de deseos espero ansiosa la salida de aquel sol que se ve tan lejano… porque hay un deseo muy fuerte que me atrae hacia ti, y que con el pasar de los días con violenta prescindencia del mañana, con afán pero sin agitarme en ciego frenesí, cuento las interminables horas de la noche y no puedo dejar de pensar en ti.
Sé que no es cierto, sé que las estrellas han estado ahí por millones de años y que seguirán estando millones más después de que como especie nos hayamos ido también, pero hoy volteo al cielo y sueño con que hay una estrella más, que en algún lugar del cielo si volteo puedo ver que allí estará esa estrella que cada noche vendrá hacerme compañía.
Callada, inerte, en estupor profundo, con un único ropaje que mi debilidad, temerosa cuando te acercas a mi, con cara de niño travieso conspirando algo… nerviosa cuando me hablas, y mis palabras que tiemblan al ser flaqueadas por ti. Y miro tus manos… las siento tan perfectas, como si ellas tuvieran la solución a todo lo que necesito. Y miro tus manos… siento esa serenidad que me libera de la extenuación que me provocas cuando te aproximas a mi. Y miro tus manos… y solo las puedo observar, en silencio desde una distancia prudente. Siempre cautelosa, para que no me descubras, para no descubrirte más de lo que ya veo en ti que tanto me atrae…
Desande lo caminado, recolectando huellas para formar un camino que me lleve hacia adelante, y me encontré con las tuyas… y a veces pienso que me estás sintiendo, y a veces siento que me estás pensando… y a veces creo que es solo para poder volver a sentir de nuevo mis latidos, para sentirme viva, sentir correr la euforia de la sangre en mis venas, la vida se me pasa volando y no la estoy sintiendo… casi que se me olvido vivir por esconderme para no sufrir. Olvidarse del mundo, por el mundo olvidada… Y es así, siempre me oculto en lo que escribo, y escribo lo que oculto.

®Mariana.
04/07/12

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