jueves, 30 de julio de 2015

Cuéntale De Mis Palabras Rotas...

Llegaste con sabor de mar en calma desarreglando las soledades.
Soy ese viajero del tiempo, en un espacio donde la geometría es viento…
A qué sabe ese momento?  El cielo detuvo el tiempo en ese beso y ese beso a mí en el tiempo.
Palabras que son frases disfrazadas esperando solo un guiño…
Los caminos se cruzaron y colisionaron por un momento.
Tú que eras mi cómplice, mi amigo, mi adicción, eras la parte innegociable de mis mañanas. Recuerdo el día en que te conocí, quería tus manos y tu sonrisa para mí.
Te espero cuando la noche se haga día, pero no creo que vengas…
Lo sé, sé que vendrás cuando el día se me hace noche y la luna oculte ese sol tan radiante. Nunca supe de nada tanto en mi vida, solo se lo que las videntes me dicen, que algún día vendrás…
Que es necesario escribir profundo, que hay huecos cuando el amor no es rotundo, que no hay palabras para describir el infinito agudo, que solo los silencios te conducen al sentido del nudo.
Y no sabes si detenerte o seguir. Y parada sobre el mundo a tus pies, tu sonrisa que hace temblar el mundo. Y al final ese beso de la vida, la sutil melancolía, el momento cuando piras, los espacios donde miras… el espacio donde ya no estas.
Sé que mis demonios me harán ir por ti… empujarte contra la pared,  tomarte crudamente y besarte hasta estar dentro de ti. Y nadie conoce mejor tu infierno  que aquel que se ha quemado en él.
Busco ser el demonio que te arrebate las carnes, la gentileza que perdí entre las notas de tus piernas, para saciar mis ganas, para alimentar mi alma, en lo húmedo de la noche o en el silencio del amanecer te busco. Somos lo que nunca fuimos, lo que nos faltaba. Somos lo que no seremos, de ese lobo hambriento, de esta chica en llamas. Donde nunca hubo preguntas nunca habrá certezas o respuestas, y donde hubo fuego, cenizas quedan. Y ahora lo único que quiero es que me hagas volar una vez más. Fuimos líneas suspendidas siempre resignadas al punto final. Fuimos más que dos amantes, fuimos aguardiente, fuimos delirantes, fuimos fugaces, solo eso, fuimos lo que dejan las sábanas rotas…  Y aunque te marches muero por que vuelvas.
 Y una es ilusa, ingenua, pero sincera. Y el otro es el diablo en carne y hueso, con un toque de orgullo y vanidad pura, increíble pero cierto…
Si pudiera ser la de antes y desearte más que antes.
Si pudiera hacer tantas cosas, tan solo abrazarte deslizar mis manos por tu espalda.
Si pudiera volver atrás no haría muchas cosas, sin embargo haría otras miles.
Evitaría en este momento estar pensándote con arrepentimiento y solo estaría observándote con deseo.
Quisiera gritarte, despacio, lento, roto, a llantos, a mares, asqueada… Gritarte que no te quiero y te quiero, y que en el quererte hay indicios de no querer quererte, pero en este momento, aunque no quiera, te quiero y no te quiero, irremediablemente? Sí, irremediablemente. Nadie podría quererte y no quererte más que yo.
Somos un día, una cena, somos eso… Un momento que sabe a dulce y huele a trampa. Somos lugares, las horas, el tiempo, esos martes, esos jueves, esos viernes, sábados, domingos… Somos un querernos en fuga, un equilibrio con filo, quizás sin culpas, somos condena, infierno, somos gloria estando dentro, dioses, gritos, carne hiriente, puñados de besos amargos… Solo somos eso.
Sé que estas caminando por ahí, con tu singular manera de andar por la vida, porque te presiento en el tiempo, porque te soñé como otras tantas veces, porque te siento como todavía lo hace mi piel cuando tu recuerdo se aparece. Sé que andas dando vueltas por ahí. Sé que estas en algún lugar no muy lejos de mí. Porque te vi llegar, porque te vi entrar en mi vida a pesar de la catástrofe que hizo tu ausencia, también te vi volver… Porque ahora sé que eres la pieza indispensable del momento de este puzle.
Mi cuerpo todavía guarda tu tacto que se aviva con el recuerdo de las noches atrincheradas en mi habitación, hacen que mi piel se erice cuando te siento cerca. Y llega la noche, me recuesto exhausta de no encontrarte. Y sueño pasiones locas con el recuerdo del roce de tu cuerpo que aún guarda mi piel…
Y el día amanece y te vuelvo a sentir cerca, porque siento un congojo en mi pecho, ahí donde debe estar el alma, hecha un ovillo, y algo me dice que andas dando vueltas por aquí… Y luego llega la noche y sus etcéteras.
Porque el destino siempre se encargará de hacerme saber cómo, cuándo y dónde sucederá, el destino cruzo nuestros caminos y el tiempo marca nuestra diferencia. Encuéntrate conmigo, tu bien sabes el camino…
Con la vista en el techo sueño la imposibilidad de construir sobre el desastre y duermo por momentos, lloro a ratos y muero de angustia mientras al comienzo de la madrugada voy sabiendo cada vez menos de mí y me pierdo en espantosas alucinaciones.
Tengo un corazón partido y nudos en la garganta, muchas llamadas perdidas, miles de deudas, lágrimas para regalar por montones y una dignidad por los suelos. Al final terminé sufriendo por errores que en las noches eran un simple “quédate”.
Palabras, que anuncian las despedidas anticipadas.
Palabras, que suben por mi garganta entre cortadas. Palabras que matan.
Palabras con las que me pierdo pensando en nosotros y juro que no me arrepiento de haberte entregado la vida.
Fuiste algo importante para mí aunque nunca lo debiste ser. Pero si te vuelvo a encontrar por sorpresa en el camino, entonces lleguemos hasta el final esta vez. 


®Mariana.
27.07.2015

1 comentario:

Anónimo dijo...
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.