lunes, 22 de noviembre de 2021

P/F/C


Todas las mañanas del mundo que exigen clemencia de la catástrofe que es mi vida por ese vacío existencial cuando amagas y tiroteas, y en el sonido del silencio soñé pasiones locas con vos y simplemente tengo unas ganas locas de verte.

Inestable, enajenada y caprichosa te vi bailar en la noche, se detuvo el tiempo y a mí me gustó tanto tanto. Estoy un poco ansiosa y se termina el día, ando buscando un poco de tus amagues y tiroteos, un poco de adrenalina.

Te descarrilaste por la tarde y te apareciste en el umbral de la puerta de mi habitación, te acercaste y pude sentir el calor de tu cuerpo, vi tus ojos rojos, percibí la humedad de tus labios y el deseo en tu aliento.

Tu corazón se aceleraba cada vez más y te atreviste a usar tus instintos conmigo, apreté tu cuerpo contra mi cuerpo, hundiste tus dedos en mis caderas y me encontré acorralada en la cama contigo encima de mí. Te desgarré la ropa mientras hacías lo mismo con la mía. Tus ojos se prendían fuego y mi piel se erizaba. Tu respiración agitada se sentía entre mi nuca y mi oído. Dejaste afuera tus culpas y arrepentimientos, no te importó haberte extraviado esta tarde y echaste a tu suerte al azar. Me besaste con todas las ganas de lo clandestino, de lo censurado, transpiraste en deseo y placer, y bebiste del cáliz prohibido.

No parabas, una y otra vez te olvidaste del mundo, una y otra vez. Cabalgue montes y montañas, sudé ríos recorriéndome la espina dorsal con hambre de carne lasciva y sed de lujuria, penetraste mis inseguridades y mis miedos.

Te devoré con ganas atrasadas, con adrenalina acumulada y deseo hacinado como si fuera la primera última vez. Consumiste mi apetito, sacié tus culpas y mentiras, respiraste profundo y te fuiste como el secreto del perfume de rosas, en ese momento el silencio aturdió mi cabeza y tu nombre se volvió un anagrama. Y todo concluyó cuando te lavaste con agua todas tus culpas dejando dudas y preguntas entre las sábanas de mi cama y el idioma de la ausencia que dejará tu partida.

 

 



Mariana®
14.11.2021

sábado, 17 de julio de 2021

Por El Rabillo Del Ojo

 


Dentro de ese charco de agua salada, agua lasciva, éramos una ciénaga de fluidos, te acercaste a mi oreja y susurrando al oído me dijiste “déjame quererte, déjate querer”.

Y en la impulsividad de mi automatismo te respondí “No. No… solo cógeme”

Todo se volvió confuso, mientras cogíamos tus palabras retumbaban en mi cabeza, no podía parar, no podíamos parar…

Derribaste mi guardia y en ese instante supe que te metiste bajo mi piel.

Te tuve en mis brazos y electrificaste mi vida, perseguí tu luz en las estrellas. Sabías como me hacías sentir, sabías lo que sentía. Pude ver como brillaban tus ojos también, supiste tocar el cielo con las manos, ardiente y vivo.

Supe que si me perdía en ti, perdería todo.

Éramos jóvenes y creí en ti. Pero solo fuimos un préstamo voluntario de momentos inolvidables que podrían haber durado toda la vida.

Porque siempre nos vimos por el rabillo del ojo y nos dejamos pasar por la casualidad, pero se quedó ahí en nuestro subconsciente.

 

 

 

 



®Mariana.
Por el Rabillo del Ojo.
18.07.2021

Resiliencia






Me retuerzo en el piso hasta no poder más.

Junto los pedacitos de mí y los pongo en mi bolsillo.

Tal vez me cueste levantarme una vez más.

Y cuando me quede sin lágrimas para llorar y que me quede afónica de gritar, aunque nadie me escuche.

Respiraré profundo, me tragaré mis lágrimas, guardaré y conservaré con fuerza mi voz, y trataré de seguir adelante.

Me reconstruiré sola e iré pegando los pedacitos de mí, día tras día, hasta volver a estar entera.
 
 
 







 
®Mariana.
Resiliencia.
16.09.2020