jueves, 23 de octubre de 2014

Un Pasado, Una Historia y Un Demonio.

Flotar por el aire. Deshojar el tiempo. Los días que están por llegar. El llanto y la risa. El olvido y el recuerdo. Hola y adiós. Esta locura que corre en mí. Perder la cordura. Noches enteras sin dormir. La euforia de la sangre.
Seguir adelante. Buscar un destino. Un lugar. Una aventura. Conocer otro mundo. El mundo.  Sentir el viento en mis manos. Ser libre. Vivir la vida, sentir la vida. Ser feliz, amar y ser amada. Perdonar y olvidar. Crecer, saber escuchar, saber hablar. Encontrarte y encontrarme. Besarte hasta dejarte sin aliento. Recorrer el camino juntos.
El dolor cuando todo termina. Cuando los sueños se desvanecen. Cuando todavía me lates en la sien. Cuando la mentira marca el alma. Cuando las lágrimas no cesan. Cuando hay algo en tu manera de moverte. Y a pesar de todo aún quiero que te quedes. Te cuesta levantar los brazos y continuar con una vida que ya no tiene sentido. Prendida a este congojo paso mis días llenos de locuras. Tratando de oprimir mí roto porvenir.
Entonces siento que mi cabeza está bajo agua, pero sigo respirando bien. Sentir una tremenda opresión en el pecho, opresión que no parecía estar afectando ningún órgano físico, pero que era casi asfixiante. Ahí, en el pecho, cerca de la garganta, ahí debe estar el alma, hecha un ovillo.
Volver a creer, a confiar. Volver amar y sentirse amada. Ser feliz. Encontrar la paz. Que los besos me desnuden el alma. Tocar el cielo con las manos. Sentir levitar el cuerpo. Que el tiempo se haga eterno. Encontrarte en el destino. Que de tus manos me pueda sostener. Que en tus manos encuentre esa magia inexplicable.  Encontrar tus perfectas imperfecciones.
Y en el silencio habita la verdad. Luego llegan los reproches, los llantos y los porqués. Y mi soledad y yo. Mi soledad y un fantasma constante. Y no hay nada en el mundo más triste que mi soledad.  Y por error siempre pongo “te extraño tanto” en el diario del espanto”.
Qué vendrá después? Qué vendrá después de esta soledad? Qué hay más allá, más allá de todo, del cielo, de la luz, de la tierra, de la luna… de la vida, de la muerte.
Sensaciones confusas. Viciadas de impaciencia. Una ausencia recíproca que decreté. La indiferencia a la lealtad de mis emociones. Cuando los días son fríos. Cuando las cartas no se muestran.  Cuando todos los sueños fallan y los que vendrán son lo peor de todo. Puedes mirarme a los ojos, pero no te acerques demasiado porque esta oscuro adentro, ahí es donde mis demonios se esconden. Cuando las luces se desvanecen soy el infierno encuadernado. Algo se teje en mi alma y no puedo escapar de esto ahora.
Volver a ser la de antes. Antes de que sucediera todo. Antes de que el mundo se me cayera a pedazos. Si pudiera regresar la película y cortar todos los cientos de errores cometidos. No estaría aquí sentada tratando de tragar todos los recuerdos. No estaría reviviéndolos una y otra vez, como si pudiera encontrarles alguna solución. Ayer y hoy, causa y efecto. Los resultados de hoy son consecuencia del pasado. Un pasado que no puedo arreglar. Un pasado al que no puedo volver. Un pasado que me está matando. Un destino que no puedo cambiar. Ni por más premoniciones que tenga, no puedo hacer que las cosas cambien. Lo roto del destino no lo puedo reescribir. Y el olvido está lleno de memoria…
Hoy mis pies no tienen dirección. Es ese día, en el que me pregunto una y mil veces, cómo?, por qué? Cuando? Y, qué hago aquí? Estoy donde no quiero, pero no hago nada para irme. No sé cómo irme. Esos días en los que salgo agotada de luchar con mi vida y quiero llegar y caer en esos brazos que me sujetaran y me darán la fuerza para no caer, para seguir adelante. Pero llego a casa y no hay nada, no hay nadie.  Estoy inmersa en una piscina olímpica de lodo. Que me hala, que me hunde, me ahoga. Quiero salir pero olvide nadar.
Busco una mano que me salve. No llegará, ya lo sé, resurgir me toca a mí, como ya lo hice otras tantas veces. Siento que no puedo. Siento que cada vez estoy mas sola.
Quiero amar intensamente. Quiero olvidar completamente. Quiero vivir inmensamente. Quiero, quiero y quiero… y nada sucede. Mis pies no se mueven. Mis manos tiesas. Mi mente corriendo a miles de kilómetros por hora. Imágenes, recuerdos, memorias, voces, canciones, conversaciones, personas, lugares, rostros inolvidables… todo lo veo, todo lo escucho, todo lo siento.
Mis demonios me están consumiendo otra vez. La angustia de hoy me arrastra al ayer. Me consumo en llantos interminables y en mi habitación se escucha el eco de mis demonios atormentándome.
“- El amor es la única fuerza que no puede ser explicada, no puede descomponerse en un proceso químico. Es el faro que nos guía de vuelta a casa, cuando no hay nadie allí y la luz que ilumina nuestra pérdida. Su ausencia nos roba todo el placer de nuestra capacidad de disfrutar. Hace nuestras noches más oscuras y nuestros días más sombríos. Pero cuando encontramos el amor no importa lo mal, triste y terrible, nos aferramos a ello. Nos da nuestra fuerza. Nos mantiene erguidos. Se alimenta de nosotros y nosotros de él. El amor es nuestra gracia. El amor es nuestra perdición.-“
Y le pido a Dios, a Alá, a Buda, a los Dioses Griegos, le ruego hasta mi alma, para encontrar una salida. Quiero ver la luz que se asoma ante una nueva puerta que se abre, o ver la luz extinguirse de la puerta que se cierra.

®Mariana
12.10.2014

domingo, 6 de abril de 2014

...

Y tan solo preparé mi vida para un café, que ya se consumió...



Mariana.
02/04/2014

domingo, 26 de enero de 2014

jueves, 9 de enero de 2014

Pasiones De Colchón


Recuerdo que al llegar ni me miraste, fui sólo una más del montón. Cómo no pude darme cuenta que hay ascensores prohibidos, que hay pecados compartidos y que tú estabas tan cerca. No sé qué acabo sucediendo, solo sé que tus instintos no se detuvieron…
Y quisiera secuestrarte entre mis sábanas todas las noches de mi vida. Anclaría mis manos como garras a tu espalda. Amarraría tus brazos a mi cintura. Te fusionaría en mi piel. Te pegaría a mi sombra. Llenaría mis pulmones con tu respiración. Te suspiraría con cada aliento tuyo. Y quisiera encontrar tu olor en la almohada todas las mañanas.
Te encerraría en mi habitación desde que aparece la primera estrella en lo más alto del cielo, hasta que los rayos de sol te iluminen desde mi ventana, que si ese fuese el caso, jamás abriría la ventana así no existiría la posibilidad de que puedas salir de mí.
Haría tantas cosas entre el sudor de nuestros cuerpos y que loco aquel amanecer sudando entre las sábanas, volviéndote a recorrer, jugando con malicias indecentes, devorándonos la vida… pero cuando me tocas hay algo. Algo que me inhibe y me desarma.
Y cuando llegas en la noche hay fiesta en la habitación, el tablero golpea fuerte en la pared, las sillas tiemblan y la cama riñe contra el piso. Y al amanecer del nuevo día vuelven las caricias frías, los besos con sabor a nada. Luego te vas y te olvidas de mí hasta que tu instinto te vuelve a provocar y regresas en la noche… Cómo huir de tus labios que me sacan de quicio? Cómo huir cuando no tengo a donde ir, si las únicas islas que encuentro para naufragar son las tuyas.
Mi corazón se detiene cada vez que tus labios rozan mi piel, cada vez que tus yemas recorren mi ser. El tiempo se detiene en ese instante, en ese momento, haciéndolo eterno. El destino siempre se encarga de hacerme saber cómo, cuándo y dónde sucederá. El tiempo es corto y cruel. El destino cruzó nuestros caminos y el tiempo marcó nuestra diferencia. Diferencia que se dilata en pasiones de colchón. Diferencia que se desvanece en las noches de sudor.

Siempre será mi culpa por quererte de más. Por bajar la guardia y recibir caricias falsas. Siempre será mi culpa por exponerme al dolor el día en que dejé que entraras en mi corazón. Por descubrir entre tus brazos que tú serás el cielo que jamás podre tocar. Que serás la historia más bonita que nunca olvidaré, como las entradas de cine, en las cuales escribí tu nombre y que jamás querré tirar. Y quisiera eludir la realidad porque la noche insensata, mágica y loca, que parece no acabar nunca pasa demasiado rápido. Y volveré a eludir la realidad para que no veas más que un caparazón incomunicando a un corazón loco, que se dobla y se rompe con el viento.
Será que lo divino no mezclo bien las cartas?

Y el agua de la ducha corriendo inmisericorde por mis párpados, por mi espalda cansada. Y miro a mí alrededor, una vieja soledad desarmada, la catástrofe que provoca tu ausencia, en las mañanas, y la angustia. Comprendí que tus besos jamás serán míos y que jamás me reflejaré en tus ojos. Y en mis locos y ardientes desvaríos, bendigo tus desdenes, adoro tus desvíos y venero tu ávido instinto… porque el destino siempre se encargará de hacerme saber cómo, cuándo y dónde sucederá, el destino cruzó nuestros caminos y el tiempo marca nuestra diferencia. Diferencias que se dilatan en las noches de pasión…




®Mariana.
12/12/2013